Evangelio Segundo Domingo de Adviento –Año C
3:1-2 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanías tetrarca de Abilina, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías en el desierto. San Lucas al relatarnos la historia de Jesús, coloca la historia de salvación dentro de la historia política y económica de su tiempo. Como los historiadores griegos de su tiempo, Lucas ancla los acontecimientos de sus dos libros (Lucas & Hechos) en evento reales que tomaron lugar en el espacio y el tiempo. De esta manera el autor sagrado nos asegura que sus relatos no son ni fábulas ni novelas artificiales inventadas por los seres humanos con el fin de ganar fama, dinero o prestigio.
En el Antiguo Testamento se solía emplear la frase “le vino la palabra de Dios” a los profetas tales como Isaías, Jeremías, Amos y Ezequiel. Se debe notar que la palabra de Dios no le vino a Juan en el templo de los saduceos, ni en la sinagoga de los fariseos, ni en el monasterio de los escenios. Tampoco le vino la palabra de Dios en el palacio de césar en Roma, ni en las fortalezas de sus gobernadores, sino en el desierto. Recordamos que la palabra de Dios también vino a Abrahán y Moisés en el desierto. El desierto en las Escrituras es la región por la cual uno tiene que pasar en su peregrinaje de tierra vieja de esclavitud simbolizada por Egipto y la libertad y la nueva vida simbolizaba por Canaán. El desierto es el lugar de tentación, la idolatría y la murmuración pero, a la vez. el lugar donde los santos son guiados por una columna de fuego de noche y una columna de nubes de día. En el desierto se encontraba los diez mandamientos grabados en dos tablas de piedra. A la vez, es en el desierto donde se encuentra el becerro de oro. El desierto es el lugar donde se encuentran las fuerzas de las tinieblas luchando contra las fuerzas de la vida. Es por este desierto que tenemos que pasar en nuestra peregrinación por la vida y donde nos toca seguir la voz de Satanás o la palabra de Dios que le vino a Juan el Bautista.
Las figuras históricas mencionadas por el evangelista incluyen a Tiberio César, el hijo adoptivo y heredero de Augusto César, Poncio Pilato gobernador romano de Judea y Samaria. También se menciona a Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande quien fue tetrarca de Galilea. El término “tetrarca” quiere decir uno que gobierna la cuarta parte de un territorio o estado. Cuando murió Herodes el Grande su reino fue dividido en cuarto partes, una para Herodes Antipas, otra para Herodes Felipe, otro para Lisanías y otra parte para Herodes Arquelao quien gobernaba tan despóticamente que fue exilado por los romanos y reemplazado con un gobernador romano. Así después del año 6 DC Judea estaba bajo la supervisión directa de Roma. Se debe notar que el tetrarca Felipe no fue el mismo Felipe cuya esposa se divorció de el para casarse como Herodes Antipas, sino otro de otro Felipe que vivía en Roma y es conocido como Felipe de Roma.
Después de mencionar los gobernantes nombrados por los romanos para reinar sobre Palestina, Lucas menciona a los dos sumo sacerdotes que tenían que ver con ministerio de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Estos sacerdotes, como los tetrarcas, eran lacayos de los romanos, nombrados, no porque eran descendientes de Sadoc como estipulan las Escrituras, sino porque consideraciones políticas. Se debe notar que todos los gobernantes nombrados por Lucas fueron autoridades del Imperio Romano. El establecimiento del Imperio Romano era considerado por sus ciudadanos como un evangelio, es decir, buenas nuevas. El establecimiento por sus emperadores y sus dioses de una especie del reino de Dios. El su evangelio Lucas nos da a entender que el verdadero reino de Dios fue proclamado por Juan el Bautista y que vino con Jesucristo.
3:3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. En su ministerio Juan el Bautista nunca llegó a Jerusalén, andaba más bien por las provincias de Galilea y Perea, ambas bajo la autoridad de Herodes Antipas. Allí en esa región se cumplió lo que fue profetizado en el libro del profeta Isaías. Originalmente las palabras de Isaías 40 sirvieron con una llamada del profeta al pueblo de Israel a preparar el camino del Señor para librar al pueblo de Israel de la Cautividad Babilónica y llevar a los redimidos en una peregrinación hacia la tierra prometida. Cuando en los días del Antiguo Oriente, se acostumbraba preparar el camino de los importantes reyes, emperadores y conquistadores que venían de vista. Se llama a los cautivos liberados en Isaías 40 para enderezar el camino por el cual el visitante real tenía que pasar. Todos las partes más bajas del camino tenían que ser rellanados y todas las partes demasiado empinadas tenían que ser rellenadas a fin de ofrecer al libertador una vía plana con la eliminación de cualquier obstáculo que pudiera impedir la visita del rey libertador y sus seguidores.
3:4-6 como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice (40:3-5):
Voz de que clama en el desierto
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas..
Todo valle se rellenará
Y se bajará todo monte y collado,
Los caminos torcidos serán enderezados,
Y los caminos ásperos allanados,
Y verá toda carne la salvación de Dios..
Según la interpretación mesiánica del pasaje citas en Marcos capítulo 3, la voz que clama en el desierto ya no es la voz del profeta Isaías, sino la de Juan el Bautista. Ya no se llama a los israelitas para alisar el camino para los cautivos que vienen de regreso de Babilonia sino de los creyentes que esperan la venida del Mesías prometido el cual librará a su pueblo del pecado y la muerte eterna. El Mesías que vendrá para librar a su pueblo ya no es el Rey Ciro de Persia sino Jesucristo. La liberación de Israel que ahora celebra la profecía de Isaías es el nacimiento de Jesucristo. Y la manera para preparar el camino del Salvador que viene es con el arrepentimiento y el bautismo.
3:7-8 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizados por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abrahán por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abrahán aun de estas piedras. Lo que pedía Juan a las multitudes de campesinos y pobres artesanos que acudían a Juan en el desierto no fue la compra de indulgencias, ni los sacrificios de ovejas y toros en el templo, ni una peregrinación a la tumba de Abrahán, Isaac y Jacob. Tampoco pedía Juan que el pueblo se alzara en rebelión en contra de los gentiles, sino que producirá frutos de una vida transformada por el Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23). Llamaba Juan a sus oyentes a reconocer su pecado y recibir un bautismo de arrepentimiento, confiando en el Mesías que vendría y no en los méritos de Abrahán y los demás patriarcas.
Existían entre muchos judíos la idea de que personas que carecían de méritos sufrientes para entrar en la vida, podían pedir a Abrahán a que transfiera algunos de sus méritos sobrantes a la cuenta del pecador. Pensaban que Dios pudiera pasar encima de sus pecados porque la faltaban hijos de Abrahán para llenar todos los puestos vacantes en la gran cena del último día. Juan contesta y dice: Sí Dios tuviera necesidad de llenar dichos puestos, pudiera hacerlo levantando hijos de Abrahán de las piedras, o sea de los gentiles. La salvación no es producto de una genealogía que califica a uno como un descendiente auténtico de Abrahán de uno sino en el arrepentimiento y bautismo.
3:9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Las palabras del bautista aquí parecen mucho a las palabras de Jesús en Juan capítulo 15 en donde Jesús se identifica con la vida verdadera y los discípulos como ramos o pámpanos de esa vid. En Juan 15:6 el Señor profetiza la quema de los árboles que no dan fruto. “ El que en mí ni permanece será echado fuera como pámpano, y se secará, y los recogen, y los echan en el fuego y arden”. El hacha fue puesto a la raíz del árbol seco cuando en el año 70 DC cuando los romanos destruyeron al templo y la ciudad de Jerusalén.
3:10-11 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Lo que Jesús proclama aquí parece mucho a lo que Jesús dijo al joven príncipe en Marcos 10:21 el que quería saber lo que necesitaba hacer para entrar el reino de Dios. Al escriba amigable Jesús en Marcos 12:31 proclama: “Amarás a tu prójimo a ti mismo.”
3:12-13 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron, Maestro ¿qué haremos? Él les dio: No exijáis más de lo que está ordenado. Es instructivo notar quiénes fueron las personas que se presentaron para ser bautizados por Juan. No fueron los líderes religiosos del pueblo, los fariseos, los escribas y los saduceos, sino la gentuza y las personas consideradas como demasiados pecadores para poder ser perdonados, los soldados, los cobradores de impuestos, los ricos (o sea la personas que tiene dos túnicas). Los escribas, fariseos y saduceos creían, por ser líderes religiosos) no necesitaban arrepentirse y ser bautizados, Creyeron que se podían entrar en el reino de Dios por haberse purificado mediante sus buenas obras y el cumplimiento de los ritos y ceremonias tradicionales.
Es instructivo también lo que Juan el Bautista no mandó que hicieran los que se presentaban para ser bautizados, No exigió que la gente se hiciera miembros de un monasterio, convento o claustro, sino de seguir viviendo con sus familias y vecinos en paz y en servicio mutuo. El zapatero podía seguir haciendo botas, el campesino podía seguir sembrando y cosechando, la ama de casa podía seguir haciendo el pan, y queso para su familia. No era necesario aislarse de sus seres queridos y sus vecinos y vivir en un monasterio para evitar el pecado. Así hacían los que pertenecían a la secta de los fariseos.
3:14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salarios. En toda probabilidad se trata aquí de soldados israelitas al servicio del tetrarca Herodes Antipas y no soldados romanos. La extorsión y la calumnia eran dos de los vicios más grande de los soldados tanto en el tiempo de Juan como en nuestros. La calumnia consistía en acusar a un ciudadano de una falta inventadas con el fin de exigirle pagar una multa para no ser arrestado. Se lee en las obras de los historias de las muchas murmuraciones y hasta rebeliones de los soldados que no estaban conformes con el suelo que ganaban.
No exigió Juan a los soldados a renunciar su vocación militar, sino por medio de esa vocación servir y proteger a la comunidad de peligros e injusticias sin exigir a mordidas, vacunas y otras formas de extorsión así como hacían muchos soldados. A los cobradores de impuestos, Juan les enseñó que no cobrara más de los que estipulaba la ley y de no aprovechar de su autoridad para enriquecerse.
3:15-16 Como el pueblo estaba en expectativa. Preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondiendo Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderosos que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu y fuego. A lo mejor, Juan, al hablar del bautizo de fuego en sus predicaciones, estaba pensando en el fuego del infierno al cual serían arrojados los demonios y los pecadores impenitentes en el juicio final.
Las palabras de Juan encontraron su cumplimiento en Jesús de Nazaret quien fue el más poderoso que bautizó con el Espíritu Santo y fuego. Muchos intérpretes opinan que el fuego con el cual Jesús iba a bautizar no fue el fuego de Gehenna sino los poderosos dones del Espíritu que serían derramados sobre los creyentes en el día de Pentecostés. Jesús no solamente bautizaba con el Espíritu Santo y fuego sino aquel fue bautizados tres veces. En el evangelio de Lucas se hace referencia a tres bautismos. El primero fueron los de Juan el Bautista, el segundo fue el bautismo de Jesús por Juan y el tercer el bautismo de sangre que sufrió Jesús en la cruz (Just 1996:149).
A diferencia a tantos otros grandes figuras en la historia de la Biblia y en la historia del mundo secular, Juan nunca quiso usurpar a Jesús así como en la historia de Venezuela Juan Vicente Gómez usurpó a Cipriano Castro. El Bautista sabía que la gloria, la honra y la autoridad pertenecieron a Jesús, y a Jesús solo.
3:17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. Como en otras partes de las Sagradas Escrituras el Bautista aquí se compara los acontecimientos escatológicos con las diferentes etapas de la cosecha así como hace Jesús en la parábola del sembrador y la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:1-30).
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